¿Un presidente atrincherado hasta 2027?

Pedro Sánchez se esconde en La Mareta como un inquilino incómodo de su propio cargo. Ya no sale a mercadillos ni a pasear como antes: no puede. Cada aparición pública necesita un cordón de seguridad de 200 metros para que no se oigan los insultos de los ciudadanos. España le da la espalda y él lo sabe.

Un país en llamas y un presidente ausente

España arde. Los incendios devastan miles de hectáreas mientras el presidente tarda 11 días en reaccionar, sin interrumpir sus vacaciones. El país no tiene trenes que funcionen como deberían, la gestión de infraestructuras es un desastre, y cada verano vemos cómo la inacción del Gobierno convierte el territorio en cenizas.

El paro maquillado y la economía real

Nos venden unas cifras de paro que son una farsa. Los datos oficiales incluyen a becarios de FP, a jóvenes en prácticas y a contratos temporales disfrazados de empleo digno. La realidad en la calle es otra: precariedad, sueldos de miseria y precios que suben más cada día. Mientras tanto, el Gobierno presume de una economía “sólida” que solo existe en los informes de Moncloa.

La política como refugio judicial

Sánchez no aguanta en el poder porque crea en un proyecto. Aguanta porque si pierde el poder se abre la puerta a los procesos judiciales contra su entorno… y contra él mismo. No es un presidente gobernando, es un político atrincherado.

¿Y el PP? La izquierda con otro logo

Algunos creen que la alternativa es el Partido Popular. Pero el PP actual ha virado claramente al centro-izquierda. Lo vemos en sus comunidades autónomas —excepto casos contados como Madrid— donde aplican las mismas recetas que dicta Bruselas, en coalición con el PSOE en el Parlamento Europeo.

El PP español obedece al PP europeo, y este está alineado con la Agenda 2030 y con las políticas globalistas que ahogan a las naciones. La supuesta derecha española se ha convertido en un partido gestor del mismo modelo: impuestos altos, regulación excesiva, sumisión a Bruselas y a las élites. Solo cambia el envoltorio, no el contenido.

España sin respeto en el mundo

España ya no es respetada fuera. Nuestra política exterior se limita a fotos vacías y gestos de sumisión. El presidente no puede dar un paseo por la Gran Vía sin blindaje, y tampoco puede dar un paso en Bruselas sin ser tratado como un actor menor en un tablero que ya no nos tiene en cuenta.

Fiscalizar a los partidos: la única salida

Llevamos 20 años viendo el mismo panorama y obteniendo los mismos resultados: estancamiento, paro estructural y pérdida de soberanía. Seguir votando siempre a los mismos es un error colectivo.

La única forma de avanzar es fiscalizar a los partidos políticos: no escuchar sus discursos huecos, sino observar qué decisiones toman realmente cuando gobiernan. Entrar en sus webs, leer sus programas, escuchar a sus representantes y vigilar después su comportamiento.

Algunos partidos ya están consolidados, como VOX. Otros pretenden entrar en escena en las próximas elecciones y merecen al menos la oportunidad de ser escuchados. Si seguimos confiando ciegamente en el duopolio PSOE-PP, España seguirá igual de estancada.

 

Pedro Sánchez puede resistir hasta 2027, encerrado en sus muros y rodeado de escoltas y sostenido por separatistas y filo etarras. Puede atrincherarse en el poder como un ocupante que teme perder las llaves de su refugio. Pero que no se engañe: ni él, ni el PP representan ya ninguna solución para España.

El futuro depende de nosotros. De fiscalizar, comparar y atrevernos a dar oportunidades distintas. Porque solo así España podrá salir del agujero en el que la han metido los que llevan décadas turnándose el poder como si este país fuera su cortijo.

— María González